Autopistas al infierno a costa de los contribuyentes

La ministra de Fomento, Ana Pastor, nos ha regalado con la noticia, que por otro lado ya esperábamos desde hace tiempo, de la intención del gobierno de Rajoy de salvar, entre otras aunque principalmente, las autovías radiales de Madrid (R-2, R-3, R-4 y R-5) más la M-12 que une Madrid con el aeropuerto de Barajas (ahora Adolfo Suárez con el sobrecoste de un millón de euros por lo del cambio). Arranco del gobierno Aznar y de la ultraliberal Esperanza Aguirre, que al calor de la especulación inmobiliaria, planificaron un proyecto imposible como el de las radiales de Madrid; entonces nos dijeron que esto lo pagaba la iniciativa privada, en un raro cambalache en el que empresas constructoras y bancos creaban empresas gestoras de autopistas compuestas por ellos mismos y que se cedían créditos a sí mismos.

Años después vemos el despropósito de esos gestores políticos y económicos del PP. Desde el principio el proyecto de las radiales fue un auténtico fiasco; nadie en su sano juicio puede pensar que los ciudadanos somos tan “tontos” como para que, habiendo una autovía “gratis”, vayamos a utilizar una autopista de pago para hacer el mismo recorrido. Solo la gente de posibles que quisiera pisar el acelerador, eso sí moderadamente, y que no quisiera encontrarse en su camino con molestos utilitarios podría estar dispuesta a usar este tipo de vías alternativas. Ya desde el principio el negocio se antojaba ruinoso, y el caso más paradigmático de este tipo de vías es la AP-41 (Madrid-Toledo) que circula en paralelo con la autovía Madrid-Toledo (A-42) y por lo tanto prácticamente nadie circulaba por ella lo que la ha llevado al cierre; la cruda crisis económica también ha llevado a que en la práctica el uso de este tipo autopista sea mínimo por parte de los automovilistas madrileños (su uso ha caído un 48%), de hecho todas las radiales madrileñas se encuentran en concurso de acreedores y al borde del cierre y de la quiebra (con una deuda conjunta de más de 1.700 millones de euros); y ante esto nos encontramos que el gobierno de España, el del PP, no puede hacer nada más que salvarlas, y esto solo se puede hacer de dos maneras: con la quita que supondrá el aporte de 2.500 millones de euros en bonos convertibles a 30 años o, directamente, pagando los 5.000 millones que supone el rescate, es decir que, “sí o sí”, no queda más remedio que salvar a bancos y constructoras porque en su día el también el gobierno del PP, en aquel caso presidido por el ínclito José María Aznar, avaló los proyecto con el crédito del estado por lo que “no queda otra” sino pagar.

Pero a todo este despropósito de la construcción de las radiales se sumó la nueva ley del suelo que inauguró el gobierno de José María Aznar, causa primera de la crisis del ladrillo que ha traído a este país a la ruina, para la construcción de las citadas autovías hubo que expropiar mucho suelo rústico a precio de suelo urbanizable, por lo que ahora también vamos a pagar la especulación que supusieron tan magnas obras.

 Todavía tenemos que recordar, en sus últimos estertores en la presidencia de la comunidad de Madrid, el intento de la ultraliberal Esperanza Aguirre abogando por la necesidad de construirnos, a las puertas de nuestras casas, la R-1 que, paralela a la N-I pretendía unir desde el Molar a la capital con una nueva autopista de peaje, y que afortunadamente no se ha construido; por no hablar del cierre de la M-50 que pretendía  hacer pasar, al borde de la dehesa Boyal, otra infame autopista.

 Pero hay más ejemplos y, aunque muchos no lo recuerden, el hoy ministro de justicia y entonces presidente de la comunidad de Madrid, puso en marcha la construcción de la M-45, y su gestión se realizó con lo que se denomina “peaje en la sombra” lo que supone un importante incremento del gasto público. Según un informe que se realizó, el coste en 25 años de la autovía ascendería a 1.800 millones de euros mientras que la obra realizada por la Comunidad de Madrid no hubiera excedido de los 600 millones.

Y todo este dispendio y derroche del gasto público al que nos tienen acostumbrados en este país por vía de la especulación inmobiliaria y la política del ladrillo con 55 aeropuertos (Alemania cuenta con 23), AVES sin sentido(líneas de alta velocidad a Galicia, Cantabria, Euskadi), grandes construcciones, etc., de la mano del PP, y también del PSOE, ahora se realiza en una situación de crisis económica con seis millones de parados, con miles de familias en estado subsistencia, siendo el segundo país de Europa con mayor pobreza infantil. Habrá dinero, 50.000 millones para salvar la banca, ahora otros 2.500 millones para salvar otra vez a la banca y a las constructoras, pero ni un duro para aliviar la dura situación de millones de trabajadoras y trabajadores, de pensionistas, dinero para salvar a los de siempre, aquellos a los que se regala, mediante la privatización, empresas públicas, y que mientras tienen beneficios los apalanca pero, en cuanto tienen pérdidas, el estado, con el dinero de todos, tiene que rescatar a sus amiguetes capitalistas de pacotilla, estos ultraliberales que solo quieren capitalismo para ganar sin arriesgar y para explotarnos directa o indirectamente, y como dijo ese (uno de los pocos que está en la cárcel): “hay que trabajar más y ganar menos”. Pero en esto años de crisis solo los trabajadores están, los que pueden, trabajando más y ganando menos, mientras que los grandes empresarios de este país no hacen sino ganar más, y ahora el gobierno del PP, como el séptimo de caballería, vuelve a la carga para salvarlos de sus propios errores, que pagaremos todos y también, seguro, los trabajadores de las autopistas.

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